Culturas del pasado

Historia de Torrenueva Costa

Torrenueva Costa fue asentamiento de las civilizaciones romana y árabe. Su topónimo se debe al elemento patrimonial más representativo de este municipio, la Torre Atalaya o Torre Vigía, construida a mediados del S.XVIII con el objeto de reforzar los mecanismos defensivos contra invasiones berberiscas de la costa. Además de este monumento, destacan la Iglesia de Nuestra Señor de Carmen, los restos de aljibes romanos, de más de reciente factura y testimonio del significativo pasado hidráulico de la localidad, así como el yacimiento de El Maraute y el Cabo Sacratif, donde se ubica el faro del mismo nombre y que sirve de guía nocturna para los barcos que surcan este rincón del Mediterráneo.

Contexto geográfico

UN PRIMER PAISAJE: LA BAHÍA PERDIDA

Los primeros conocimientos que tenemos sobre el asentamiento que hoy conocemos como Torrenueva Costa constan de hace aproximadamente 6000 años. Aunque distinta a la actual, lo que hoy conocemos como la vega de Motril-Salobreña era una ensenada marítima que se adentraba más de 4 kilómetros hacia el interior de la línea de costa actual.

 

El enclave de Torrenueva Costa supone un ejemplo excepcional para comprender el desarrollo histórico del medio físico y la actividad humana, siendo un auténtico palimpsesto. Así, el pueblo recoge todo un conjunto de vestigios que nos muestra la explotación de la cuenca del Bajo Guadalfeo y su apertura al mediterráneo.

 

Antiguamente, la línea marítima formaba un gran estuario (zona donde el agua dulce y salada se unen) navegable que llegaba hasta las faldas de la Sierra de Lújar; es por ello, que el cerro de El Maraute funcionaba como un promontorio que dominaba la entrada al estuario.

 

Con el paso del tiempo, la acción humana ejercida sobre el territorio, a través del trabajo del carbón o la agricultura, aumentó la carga de sedimentos del río. Esto causó el cierre de la bahía creando la llanura aluvial actual y desplazando la línea de costa hacia el sur.

Época romana

EL MARAUTE Y LA PATERNA ROMANA (SIGLOS I-IV D.C)

Previo a la conquista del territorio por el Imperio Romano durante las Guerras Púnicas; el territorio estuvo ocupado por el pueblo fenicio procedente de Cartago. Estos se dedicaban a la explotación de la sal, usada tanto para la conservación de alimentos como para uso comercial en las rutas que conectaban Sexi y Abdera.

 

Durante el imperio romano, el cerro de El Maraute de 64 metros de altitud y el pago de La Cañada de Vargas, se convierten en centro industrial de primer orden, identificado como la antigua Paterna, este enclave funcionaba como trastienda productiva de la ciudad de Sexi, actual Almuñécar.

 

La zona contaba con una filigina (fábrica de alfarería) especializada en la fabricación de ánforas para el transporte de salazones de pescado (caetaria) y vino, destacando tipologías como la Dressel 14 (ánfora para salazones) y Beltrán IIa/IIb (ánfora para salazones). Cerámicas que fueron utilizadas como material de acarreo por los pobladores romanos para ganar terreno al mar, con el fin de crear infraestructuras portuarias y malecones.

 

Hacia los siglos III-IV d.C, la actividad industrial cesó, lo que hizo que la zona pasará a usarse como una necrópolis de inhumación. En esta, se llevaban a cabo enterramientos en forma de tegulae; es decir, losas cerámicas dispuestas a dos aguas, en las que se colocaba al difunto en posición decúbito supino, lo que supuso una estandarización de los ritos funerarios. 

Época medieval

LA ALQUERÍA DE BATARNA: EL ESPLENDOR ANDALUSÍ (S. IX - S.XII)

Tras un periodo de abandono, el enclave fue ocupado en época medieval, siendo conocido en las fuentes árabes como la alquería de Batarna. Cronistas como Idrisi (siglo XII) y al-Bakri destacan la importancia de la zona por sus minas de atutía, un zinc de alta calidad en la Sierra de Lújar.

 

El conocimiento de este periodo histórico fue gracias a la exhumación de una vivienda rectangular con pavimentos de cal y arena y la reutilización de una cisterna de origen romano que fue readaptada por los andalusíes. La vida cotidiana integraba, por tanto, la agricultura con el aprovechamiento de las salinas de Trafalcaçis. Los restos cerámicos recuperados, como ataifores vidriados en verde y manganeso, reflejan una conexión comercial con los centros de poder califales por parte Batarna y los puertos de Castell de Ferro y la Rijana; todos ellos pequeños enclaves pesqueros.

Una "nueva" historia

LA FRONTERA MILITAR Y LAS TORRES VIGÍA (S.XV - S.VIII)

Tras la Reconquista de los Reyes Católicos en 1489, la zona se transformó en frontera militar expuesta a los ataques de piratas berberiscos; por ello, se organizó un sistema defensivo compuesto por baterías, atalayas y casas-fuerte, momento en el que se eleva la Torre Vigía de Torrenueva Costa.

 

Durante su regencia, Carlos III publica un reglamento que organiza el territorio por partidos dejando el distrito de Salobreña y Motril agrupados en el Partido de Motril, en el cual se incluye Torrenueva Costa ya que abarcaba el territorio desde la Torre del Cambrón en Salobreña hasta la Torre del Cáutor en La Mamola. Este reglamento, a su vez recogía la articulación defensiva del litoral a partir de diferentes elementos como eran las baterías, las torres de artillería, las atalayas y las casas-fuerte.

 

El caso de la Torre Vigía de Torrenueva Costa se trata de una torre atalaya de estructura troncocónica de mampostería. Esta construcción favoreció la comunicación entre Torrenueva Costa y otros puntos costeros, como la Torre del Zambullón en Castell de Ferro o el peñón de Salobreña pues facilitaba dar avisos de rebato (aviso de emergencia) mediante señales de fuego y humo, a través de la chimenea en su interior emplazada en una estancia abovedada.

 

Además, el nuevo reparto de tierras por parte de los colonos cristianos hizo que se reutilizaran las acequias andalusíes hacia el cultivo del cereal y, paulatinamente, hacia el cultivo de la caña de azúcar.

Mapa histórico del litoral granadino de 1722. Mapa de la Costa del Reyno de Granada dividido en sus Nuebe Partidos. 5, Partidos de Almuñecar y de Motril que comprehenden desde la Torre del Cerro gordo hasta la del Caular [Ar.G-T.6-C.2-190].

Textos de un Erudito Motrileño

Historia de Torrenueva Costa

“Dicen mis paisanos, que allá por los años 57 a 58 hubo una crecida extraordinaria en la rambla de Villanueva, a consecuencia de la cual se descubrieron los cimientos de todo un pueblo, pudiéndose ver trozos embellecidos, pintura de gran gusto (….) el espacio descubierto empezaba en la Rambla de Puntalón y terminaba en la loma del Cabo Sacratif.


Estos hallazgos los situaba en un pago de nombre PATERNA por lo que el escritor Saavedra en su obra ABDERRAMAN I afirma que el desembarco forzoso del pretendiente Omeya recogido en el Fath al-Andalus tuvo lugar aquí desde donde partiría hasta Almuñécar: “… Y Allah nos ordenó lo que deseaba, vencimos a nuestro enemigo y viajamos por el lugar que queríamos, luego navegamos, el mar y el viento nos hizo varar en un lugar al que se llamaba b.y.t.ra. n.yana. Después una sacudida nos alcanzó en el mar por el soplo (sic) de los vientos…” La última referencia histórica a la alquería se sitúa en el S. XII por parte del geógrafo al –Idrisi: “De cAdra a la alquería de Balisãna, 20 millas, y es una alquería poblada sobre la orilla del mar. De aquí a marsà-l-Firrüy , 12 millas, y es un puerto como un pequeño estanque. De aquí a la alquería de Batarna, 6 millas, y en ella hay una mina de atutía que es superior a las mejores minas de atutía. De aquí a la alquería de Salawbiniya, 12 millas. De Salawbiniya a madïna al-Munakkab en el mar, 8 millas. De al-Munakkab a Sat, 18 millas.”

Manuel Rodríguez Martí.
Erudiro motrileño.

Referencias históricas

Historia de Torrenueva Costa

Desde el S. XII no encontramos referencias históricas hasta el S. XVI, en el que se vuelve a denominar a este lugar como “Pago de Paterna” * (A. Malpica Cuello. La Villa de Motril y la Repoblación de la costa de Granada).


Resulta de gran interés significar que este lugar fue un fondeadero utilizado desde la época antigua en el que existían unas salinas que abastecieron los salazones de la ciudad de Sexi (Almuñécar). Estas salinas se mantuvieron funcionales hasta el siglo XX y desaparecieron bajo el ímpetu de la urbanización orientada al turismo.

Historia en imágenes

Historia de la ciudad

Close Search Window